lunes 21 de septiembre de 2009

- COSAS SENCILLAS.






Hace unos días estuve en una de las playas de Huelva, para despedir al verano. Hacía un poco de viento, pero el mar estaba de un verde trepidante y pleno de encajes blancos, inigualables, de una variedad infinita.
Es maravilloso ver el Sol saltando en miles de trocitos sobre el agua.
Siempre me he sentido un poco loco, pero un loco feliz, no de los que gustan torturarse. Ignoro cuantas veces he puesto en peligro mis pertenencias, pero por amor a la vida. El otro día, cuando quise darme cuenta, estaba metido en el mar hasta medio cuerpo, con la cámara de fotos en las mano, con más de 400 tomas - ¡jo, qué bruto! - y las olas casi pasándome por la cabeza. Es que quiero hacer unas series de pinturas y acuarelas.

Nadar, un bocadillo, tomar el sol, leer junto al mar. Es una pasada. Nunca valoramos las pequeñas cosas, hasta que algo nos impide seguir disfrutándolas. Pienso que serán unas de las últimas imágenes que queden dibujadas en mi retina el día que tenga que marcharme definitivamente de aquí.

De regreso, a medio camino, una borrachera de fragancias a tierra mojada, a eucaliptos, romeros, ..., inundó la negritud de la noche, como si hubiese llovido. La persona que me acompañaba, también lo compartía, sin embargo, no encontré en todo el trayecto indicios de agua sobre la calzada. Tan sólo, el regalo de la lentitud del tráfico, la calma y la compañía de esas fragancias silvestres que me persiguieron hasta el propio portal, donde los vecinos me confirmaron extrañados que no, que no había llovido.
No tardarían en aparecer los latigazos estruendosos, iluminando las ventanas de la estancia del salón y el rumor bienvenido de las gotas de agua golpeando los tejados.

A la Naturaleza le gusta siempre anunciar su llegada, como concierne a los personajes importantes.




v.

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9 comentarios:

Marina Centeno dijo...

Qué hermoso presagio de lluvia describes, Víctor. Y el estruendo del mar, la manera sencilla de acomodarse en la arena, a veces dócil, a veces violenta....¡Ay! , me es tan familiar...vivo en Puerto Progreso, a escasos metros del mar.... que conozco su rutina diaria, la manera en que se envuelve y se desplaya.....(suspiro)....

Me encantó tu relato. Lo hago mío.

Saludos.

Gata dijo...

jaja yo hago lo mismo, este año mi canon casi aprende a nadar antes q yo tb ;P
Me han dado ganas de pasear por ahí
gracias por compartir esos momentos
un saludo Victor

Bletisa dijo...

Yo antes era como tú. Ya no, he aprendido a dejar mi cámara en casa, a no querer plasmar nada, a disfrutar de los momentos únicos con toda la intensidad y que perduren solo en mi memoria mientras quieran.
¿Te das cuenta de que lo que mejor describes es preciamente lo que no has fotografíado?

Muaccc.

Giovanni-Collazos dijo...

las cosas sencillas son las mejores, Víctor. Comparto ese entuciasmo tuyo por el mar, la playa, la naturaleza.

Siempre que vuelvo a la orilla del continente me convierto en un niño, como tú.

Abrazos!!

Gio.

Ana Clavero dijo...

Las estrellas bajan de día a saludar al mar.

Preciosas fotos y preciosa descripción de ese camino de vuelta.

Un besazo enorme, Victor.

"Yo En Resistencia" dijo...

Muyy evocador...nos hiciste sentir ese mar...

Un abrazo Victor!!

Tuti dijo...

Gracias por la imagen y el toque de locura que te acompaña a capturarlas para nosotros, los que te leemos y venimos a refrescarnos en tu bitácora.

Un fuerte abrazo,

Anna Francisca

la stessa ma altra dijo...

gracias por tanto mar... cuando se anuncia la lluvia por aquí, lo hace con aroma salado del río que pretende ser otra cosa...

víctor (gato) dijo...

Gracias a todos por vuestras palabras.

UN BESO Y UN ABRAZO, como dice mi pequeño amigo Juan Cruz Bordoy.