
Operación retorno, recuento de muertos este verano en las carreteras españolas y tal y tal.
Obviando a los empleos privilegiados, que hoy día son bastante, para una gran mayoría de los ciudadanos, ya finalizan estos días de merecidas vacaciones que cada año se gozan por derecho propio y se disponen a regresar a la rutina y al estrés cotidiano.
Once meses de presión -como la de un cocido a olla muy lenta- a cambio de quince días de relax donde poder estar presentes, a tiempo total -es decir en cuerpo y pensamiento-, con sus respectivas familias, ó para beber ávidamente la cerveza de los chiringuitos, en vías de extinción, ó para conocer un poco de la capa exterior del supermercado del mundo: la Torre Eiffel, un paseo por los canales, el verdadero color de la arena tropical, los culos morenos de Varadero, o qué sé yo, antes de emprender el viaje definitivo y del que nunca se regresará.
Durante estos días se ha pretendido hacer todo lo que no se hizo durante el inacabable año: comer relajado, reír distendido, beber saboreando, dormir sin sobresaltos, exponer la piel a la brisa y a la luz del sol, algún deporte, alguna lectura aparcada, algún corto y superficial viaje,... y deja ya de contar, no da tiempo para más.
Se regresa al barrio luciendo un intenso y apresurado tono de piel condenado a desaparecer en pocos días y también con la ilusión de que, otra vez, transcurran lo más rápido y compasivamente posible otros once meses, para de nuevo poder comer, reír, beber, dormir, practicar algún deporte, leer algo y conocer un poco de la tierra que pisamos, durante otros quince días.
Asemeja un poco al corre-corre que te pillo del hámster en su jaulita circular.
¿No parece el timo anual de cada año? Y redundo gramaticalmente de manera consciente.
Sobran ya los consejos de siempre de los doctores acerca de los detalles de tomar el sol, hidratarse bien, cómo afrontar el síndrome posvacacional, etc..., pero ¿quién aborda el núcleo principal de esta forma de vivir ya arcaica? ¿Este descompensado y descompasado trueque?
¿Se cree, de verdad, el currito, que esas 1000 (ó 2000) cervezas tomadas en el relajo del chiringuito, le cargarán la batería para soportar las putadas del encargado de turno, o el moving del compañero celoso durante otros once meses?
¿Se cree, de verdad, la señora del hogar, que esas dos semanas "quemelopongantodopordelante", le servirán para soportar otros once meses los desaires acostumbrados? Bueno, me dirán: -menos es nada- Y es cierto. Migajas. Sucedáneos de vida. Una engañifa.
¿No sería preferible cambiar nuestra forma de vivir?
Los mismos doctores aducen que, en la practica del ejercicio físico por ejemplo, no es tan importante la cantidad de esfuerzo como la regularidad.
Hasta el sector precario de empleo lo agradecería.
¿Y quién le pone el cascabel al gato?
No me refiero a quién me pone el cascabel a mí, claro.
v.


